Make your own free website on Tripod.com
 
Haciendo que todo encaje: La importancia de la proporción 

Una de las habilidades más importantes para ver, pensar, aprender y resolver problemas es la facultad de percibir correctamente las relaciones, entre una parte y otra, y entre las partes y el todo. Estas relaciones, en dibujo, se llaman proporción. La percepción de las proporciones relativas, y sobre todo de las relaciones espaciales, es una función especial del hemisferio derecho del cerebro humano. Los individuos cuyo trabajo requiere la estimación de relaciones de tamaño -carpinteros, dentistas, sastres, cirujanos- desarrollan una gran facilidad para percibir la proporción. Los pensadores creativos, en todos los campos, encuentran provechoso el poder ver a la vez los árboles y el bosque.

En todo dibujo existen problemas de proporción, ya sea una naturaleza muerta, un paisaje, un dibujo de figura o un retrato, y tanto si el estilo es realista como abstracto, o completamente no objetivo (es decir, sin formas reconocibles del mundo exterior). El dibujo realista, en particular, depende mucho de la exactitud de las proporciones. Por eso resulta muy eficaz para entrenar la vista (permitiendo ganar acceso al hemisferio cerebral derecho) hasta lograr ver las cosas tal como son, con sus proporciones relativas correctas.

SE VE LO QUE SE CREE

La mayoría de los estudiantes principiantes tienen problemas con la proporción: dibujan algunas partes demasiado grandes o demasiado pequeñas en relación con la forma completa. Al parecer, la razón es que la mayoría de nosotros tendemos a ver las partes de una forma jerárquicamente. Las partes importantes (es decir, las que contienen mucha información) pueden verse más grandes de lo que realmente son. Lo mismo sucede con las partes que decidimos que son mayores, o que pensamos que deberían ser mayores. Y al contrario: las partes que no consideramos importantes, o que decidimos que son pequeñas, o que pensamos que deberían ser más pequeñas, las vemos como si fueran más pequeñas de lo que realmente son.

Veamos un par de ejemplos de este error de percepción. En la Figura 9-1 aparece un paisaje esquemático con cuatro árboles. El árbol de la derecha parece ser el más grande de los cuatro. Pero en realidad es exactamente igual de grande que el de la izquierda. Mídalos y compruebe que es así. Incluso después de medirlos y comprobar que ambos árboles son del mismo tamaño, es posible que el de la derecha le siga pareciendo mayor.

Fig.9-1.

La razón se basa probablemente en nuestro conocimiento previo del efecto de la distancia sobre la apariencia de las formas. Dados dos objetos del mismo tamaño, el más alejado parecerá más pequeño. Esto tiene sentido, y no discutimos el concepto. Pero volviendo al dibujo, incluso después de medir los dos árboles y haber comprobado fuera de toda duda que son iguales, aún sigue parcelendonos que el de la derecha es más grande. ¡Esto es excesivo! Es precisamente este tipo de exceso, cuando los conceptos memorizados se superponen a las percepciones visuales, lo que ocasiona problemas a los estudiantes de dibujo.

Por otra parte, si da usted la vuelta al libro y mira el paisaje invertido (una orientación que el hemisferio izquierdo rechaza), le resultará más fácil darse cuenta de que ambos árboles son del mismo tamaño. La misma información visual ha provocado una respuesta diferente. El hemisferio derecho, aparentemente menos influido por el concepto verbal del tamaño decreciente de las formas distantes, ve las proporciones correctamente.

No creer lo que se ve

Un segundo ejemplo: Coloqúese ante un espejo, a un brazo de distancia. ¿Cómo diría usted que es de grande la imagen de su cabeza en el espejo? ¿Aproximadamente del mismo tamaño que su cabeza real? Tome un rotulador, extienda el brazo y trace dos marcas en el espejo, indicando los límites superior e inferior de la imagen de la cabeza (Figura 9-2). ¿Qué tamaño tiene la imagen? Aproximadamente, unos doce centímetros, la mitad del tamaño real de la cabeza. Y, no obstante, si se borran las marcas y miramos de nuevo, sigue pareciendo que la imagen es de tamaño natural. Una vez más estamos viendo lo que creemos, no creyendo lo que vemos.

Fig. 9-2.

DIBUJAR DE ACUERDO CON LA REALIDAD

Vamos a intentar convencer al hemisferio izquierdo de su error en la apreciación de ciertas proporciones. Para ello tendremos que dejarle funcionar un rato, para que use sus facultades analíticas tratando de corregir sus propias percepciones. Intentaremos demostrar de una manera lógica que ciertas proporciones son como son.

Antes de empezar, reúna unas cuantas fotografías de cabezas, tomadas de periódicos, revistas, etc. Bastará con cinco o seis. Si tiene algún libro con dibujos de grandes artistas, resultará muy útil. Busque algunos dibujos de cabezas, de frente, de perfil o de tres cuartos; o utilice la foto de George Orweil (Figura 9-3). Utilizaremos todas estas imágenes después de que usted realice el siguiente ejercicio.

En los ejercicios sobre proporción -y también en varios ejercicios de dibujo de los próximos capítulos- utilizaremos como tema la cabeza humana, pero los métodos para apreciar las proporciones son iguales en cualquier tipo de dibujo. Los ejercicios de proporción se centran en dos relaciones críticas que los estudiantes parecen tener especial dificultad en percibir correctamente: el nivel de los ojos en relación con la altura de la cabeza, y la situación de la oreja en el perfil o vistas laterales. También examinaremos algunas otras proporciones de la cabeza.

Pero antes me gustaría explicar más detenidamente por qué muchos de los ejercicios de este libro están dedicados a dibujar la cabeza humana.

Mirando cara a cara

Como dijimos en el capítulo 1, los rostros humanos han fascinado siempre a los artistas. Captar un parecido, presentar el exterior de tal forma que se revele la persona que hay tras la máscara, siempre ha parecido un tema que valía la pena. Como cualquier dibujo de algo cuidadosamente observado, el retrato revela no tanto la apariencia y personalidad del modelo, sino más bien el alma del artista. Paradójicamente, cuanto más claramente vea el artista al modelo, más claramente se podrá ver al artista, a través del retrato.

 
Fig. 9-3. El famoso escritor George Orwell, fallecido en enero de 1950. Cortesía de la BBC.  

Por lo tanto, puesto qué lo que buscarnos es al artista que hay en todos nosotros, nos dedicaremos a pintar rostros humanos en los próximos ejercicios. Cuanto más claramente se ve, mejor se dibuja, y mejor puede uno expresarse.

El dibujo de retratos exige una percepción muy Cuidadosa, con el fin de lograr un parecido, y por eso las caras son muy eficaces para la formación de los principiantes. Inmediatamente se aprecia si la percepción ha sido acertada, porque todos nos damos cuenta enseguida de si una cabeza humana está bien dibujada; y si, además, el modelo nos es conocido, el juicio será aún más exacto.

Pero quizás lo más importante para nuestros propósitos es que dibujar cabezas humanas nos permite, una vez más, ganar acceso a las funciones del hemisferio derecho. El lado derecho del cerebro humano está especializado en reconocer rostros. Las personas con lesiones en el hemisferio derecho suelen tener dificultades para reconocer a sus amigos, e incluso sus propias caras en un espejo. Los pacientes de lesiones en el hemisferio izquierdo no sufren este problema.

Los principiantes tienden a pensar que dibujar personas es lo más difícil de todo, pero no es así. La información visual que necesitamos esta ahí mismo, a nuestra disposición. El problema está en ver. Ya hemos repetido varias veces -es una premisa básica de este libro- que dibujar es siempre la misma tarea: consiste en ver claramente y dibujar estas percepciones. No hay temas más fáciles ni más difíciles que otros. Sin embargo, ciertas cosas parecen más difíciles que otras, posiblemente porque llevan asociada una simbología más fuerte, que interfiere con la claridad de las percepciones.

La cabeza humana es, precisamente, uno de esos temas para los que la mayoría de la gente tiene un sistema de símbolos muy fuerte y persistente. Como ya dijimos en el capítulo 5, el sistema personal de símbolos se desarrolla y aprende de memoria durante la infancia, y es notablemente estable y resistente al cambio. Estos símbolos llegan a impedir ver y y por ello pocas personas son capaces de dibujar una cabeza humana realista, y son menos aún las que pueden dibujar un retrato reconocible.

En resumen, el dibujo de retratos es útil para nuestros propósitos por las siguientes razones: Primera, permite conectar con el hemisferio derecho, que está especializado en el reconocimiento de rostros humanos y puede hacer las precisas discriminaciones necesarias para obtener un retrato «parecido». Segunda, dibujar caras ayuda a reforzar la percepción de las relaciones de proporción, ya que la proporción es fundamental en el retrato. Tercera, es una excelente práctica para superar los sistemas de símbolos arrastrados desde la infancia. Y cuarta, si podemos dibujar un retrato con un parecido convincente, dispondremos de un buen argumento para demostrarle al hipercrítico hemisferio izquierdo que tenemos talento para el dibujo. Y, como cualquier otro tipo de dibujo, el retrato no es difícil ahora que es usted capaz de ver tal como ven los artistas.

En el capítulo 10 aprenderá usted, en primer lugar, a dibujar un perfil, después un retrato en tres cuartos, y finalmente una vista frontal del rostro. Pero antes, ahora que ha aprendido usted a efectuar el cambio al modo-D (y doy por supuesto que esta capacidad le resulta satisfactoria) vamos a convocar al hemisferio izquierdo para que nos ayude un poco en el análisis de la proporción.

QUE VUELVA A ENTRAR EL IZQUIERDO
(PERO SOLO UN POCO)

Tal como experimentamos en los dibujos invertidos y en los del espacio negativo, todas las proporciones pueden percibirse simplemente estudiando las relaciones de tamaños. Sin embargo, he comprobado que los estudiantes adelantan con más rapidez si obligamos al hemisferio izquierdo a reconocer y admitir ciertos hechos que él percibe equivocadamente (como sucedía con los árboles del paisaje esquemático o con el tamaño de la cara en el espejo). Para convencerle tendremos que usar su idioma: la lógica. Es decir, tendremos que mostrarle evidencias irrefutables para lograr que admita la posibilidad de estar equivocado.

COMO DIBUJAR UN ESPACIO VACIO
Y VER MEJOR QUE NUNCA

1. Dibuje una forma oval; ésta es la forma que utilizan los artistas para representar esquemáticamente la cabeza humana (Figura 9-4). Trace una vertical que divida el óvalo en dos partes iguales. Esto es lo que se llama el eje central.

Fig. 9-4. Eje Central

2. Utilizando el lápiz, mida en su propia cabeza la distancia desde la esquina interior del ojo al extremo inferior de la barbilla (Figura 9-5). Luego levante el lápiz, como en la Figura 9-6, y compare esa distancia (del ojo a la barbilla) con la que existe desde el ojo a la cúspide del cráneo. Descubrirá que ambas distancias son aproximadamente iguales.


 
Fig. 9-5. Fig. 9-6.

3. Repita las mediciones frente a un espejo. Observe el reflejo de su cabeza y, sin medir, compare visualmente la mitad inferior con la superior. Luego compruebe las medidas con el lápiz.

4. Saque las fotos y dibujos que tiene reunidos (o utilice la fotografía de George Orweil, Figura 9-3) y mida el nivel de los ojos. ¿Está aproximadamente en la mitad de la cabeza, dividiéndola en dos partes iguales? ¿Percibe usted claramente la proporción? Si no es así, mida directamente las fotografías, usando el lápiz, como en la Figura 9-7. ¿Puede ahora ver bien la proporción?

Fig. 9-7.

Cuando, por fin, crea lo que está viendo descubrirá que en casi todas las casi todas las cabezas el nivel de los ojos está aproximadamente en la línea central, casi nunca por encima de ella. Y si el pelo es espeso y abundante, la mitad superior será mayor que la inferior (ver Figura 9-8).

Fig. 9-8.

EL MISTERIO DEL GRANEO CORTADO

La mayoría de las personas encuentran bastante difícil percibir las proporciones relativas de la cara y el cráneo. Para mucha gente, el nivel de los ojos parece estar a un tercio de la línea superior. Supongo que esto se debe a que la mayoría de la gente no está interesada en frentes y bóvedas craneanas, unas zonas que al hemisferio izquierdo le parecen aburridas y difíciles de identificar con un símbolo. Al parecer, la mitad superior de la cabeza se considera menos importante que los rasgos faciales, y en consecuencia se percibe como si fuera más pequeña. Este error de percepción es la causa del cráneo recortado, uno de los fallos más frecuentes en los dibujos de principiantes. Este error crea el efecto masivo tan frecuente en los dibujos infantiles y en el arte primitivo. Desde luego, el agrandamiento de los rasgos faciales en relación con el tamaño del cráneo puede tener un tremendo poder expresivo, como sucede, por ejemplo, en algunas obras de Picasso, Matisse y Modigliani. Pero lo importante es que esos maestros usaron el efecto deliberadamente y no por error. Permítanme demostrar los efectos de este error de percepción.

Fig. 9-9.

Una trampa lógica para el hemisferio
izquierdo: Pruebas irrefutables de que
la parte superior de la cabeza es
importante, después de todo

En cierta ocasión les dije a un grupo de estudiantes que tenían problemas para percibir correctamente las proporciones de la cabeza: «Si alguno puede sugerir un modo de explicar más claramente la proporción del nivel de los ojos, que lo diga.» Uno de los estudiantes respondió: «Lo veremos cuando podamos creerlo.» Más tarde descubrí accidentalmente un modo de ayudar a los estudiantes a «creer», que parece más eficaz que otros métodos, y que ha resultado muy útil para superar los problemas de dibujar una cabeza humana.

Para empezar he dibujado la parte inferior de dos caras, una de perfil y la otra de tres cuartos (Figura 9-9). En el siguiente capítulo enseñaremos con detalle a dibujar esta parte de la cabeza. La mayoría de los estudiantes tienen pocos problemas para ver y dibujar los rasgos faciales. El problema surge al percibir el cráneo. Lo que quiero demostrar -al lector y a su testarudo cerebro izquierdo- es la importancia de darles a los rasgos un cráneo entero, sin quitar parte del mismo sólo porque esa parte no parece tan interesante como la de abajo.

En la Figura 9-10 hay dos series de tres dibujos: en el primero, sólo los rasgos faciales; en el segundo, los rasgos más el cráneo recortado, y en el tercero, los mismos rangos, esta vez con todo el cráneo, que complementa y da apoyo a los rasgos.


   


Fig. 9-10. Sólo los rasgos faciales. El error del cráneo recortado, con los mismos rasgos. Otra vez los mismos ragos, ahora con el cráneo completo.

Utilizando el lógico hemisferio izquierdo se puede ver que no son los rasgos los que causan el problema de proporción, sino el cráneo. Vuelva a la Figura 1-5, en el capítulo 1, y vea que Van Gogh cometió el mismo error en su dibujo del carpintero, realizado en 1880. En la Figura 9-11 puede verse cómo Durero estudió el efecto de variar las proporciones cara/cráneo.

Fig. 9-11. Alberto Durero, Cuatro cabezas (1513 o 1515). Cortesía de la Galería Nelson-Museo Atkins, de Kansas City, Missouri. (Fundación Nelson.)

Vuelva a estudiar las fotografías y dibujos que tiene reunidos. Con ayuda del lápiz, mida el tamaño relativo de la mitad superior y la inferior de cada cabeza. ¿Está usted convencido? ¿Está convencido su lógico hemisferio izquierdo? Estupendo. Esto le ahorrará innumerables horas de dibujo incorrecto.

LLENANDO LOS VACÍOS

En las figuras 9-12 y 9-13 los óvalos representan la forma de la cabeza. Siéntese frente a un espejo, con el óvalo y un lápiz. Va usted a observar y representar esquemáticamente las relaciones entre varias partes de su propia cabeza, mientras realiza el siguiente ejercicio. Los números de las figuras corresponden a las instrucciones que vienen a continuación:

   
Fig. 9-12. Proporciones generales de la cabeza humana. Fig. 9-13. Fig. 9-14. La distorsión de los rasgos puede deberse a que el estudiante ve que la cabeza está inclinada, pero luego coloca los rasgos en su posición más familiar: derechos y paralelos a los bordes del papel.

1. Primero, marque el nivel de los ojos. Observe bien y trace una línea que lo defina.

2. Ya tenemos dibujado el eje central. Observando su propia cara, visualice un eje central que la divida en dos, perpendicular a la línea de los ojos (Ver Figura 9-12). Incline la cabeza a un lado, como en la Figura 9-13. Note que el eje central y la línea de los ojos siguen en ángulo recto (esto es lógico, lo sé, pero muchos estudiantes tienden a ignorar este hecho y distorsionan los rasgos como, por ejemplo, en la Figura 9-14) (Vea también las figuras 9-16, 9-17 y 9-18).

Fig. 9-16. Vincent van Gogh, El Dr. Gachet (aguafuerte, 1890), B-10, 283. Cortesía de la National Gallery ofArt, de Washington D. G. Colección Rosenwaid. Un interesante ejemplo del efecto expresivo de los rasgos torcidos.  
Fig. 9-17. Copia del autorretrato de Lovis Corinth (1858-1925), dibujado antes de su enfermedad en 1911. Fig. 9-18. Lovis Corinth, Autorretrato (1921). Cortesía del Museo de Arte Fogg, Universidad de Harvard, donación de Meta y Paúl J. Sachs.
      El artista alemán Lovis Corinth sufrió graves daños en el hemisferio derecho a consecuencia de un ataque que tuvo lugar en diciembre de 1911. El primer autorretrato (Fig. 9-17) data de antes del ataque. El segundo, dibujado unos diez años después, muestra la distorsión de rasgos que caracterizó la mayoría de los retratos pintados después de su enfermedad.
      Nótese que la torcedura de los rasgos faciales produce un fuerte efecto expresivo, que puede utilizarse en algunos dibujos. Lo importante es hacerlo por decisión propia, no por error.

3. Observe su cara: entre la línea de los ojos y la barbilla, ¿dónde cae el extremo de la nariz? Algo menos de la mitad y más de un tercio. Marque la posición.

4. ¿A qué nivel está la línea central de la boca? Aproximadamente a un tercio de la distancia entre la nariz y la barbilla. Marque también esta posición.

5. ¿Cuál es la anchura de la distancia entre los ojos, comparada con la anchura de cada ojo? Sí, en efecto, es igual. Divida la línea de los ojos en cinco partes. Marque los centros de los ojos.

6. Si se traza una línea recta vertical desde las esquinas interiores de los ojos, ¿a dónde se llega? A los bordes de los orificios nasales, que son más anchos de lo que usted creía. Márquelo.

7. Si se traza una recta que baje desde el centro de las pupilas, ¿a dónde llegamos? A las esquinas de la boca. También las bocas son más anchas de lo que usted pensaba. Marque la boca.

8. Si sigue la línea horizontal de los ojos hacia los lados, llegará al extremo superior de las orejas. Marque las orejas.

9. Trazando una línea horizontal desde el extremo inferior de la oreja, ¿a dónde se llega? En la mayoría de las caras, al espacio entre la nariz y la boca. Las orejas son más grandes de lo que se cree. Marque el dibujo.

10. Contemple su propia cara y su cuello: ¿Cuál es la anchura del cuello en comparación con la de la mandíbula, al nivel de las orejas? Note que el cuello es casi igual de ancho, y en algunos hombres, más ancho. También los cuellos son más anchos de lo que cree la gente.

11. Compruebe ahora estas percepciones en fotos, personas al natural, imágenes de televisión. Practique, observe, primero sin medir y luego, si es necesario, comprobando mediante mediciones. Perciba las relaciones entre uno y otro rasgo, aprecie las diferencias entre unas caras y otras; vea, vea, vea. No analice al modo del hemisferio izquierdo, como hemos hecho aquí, sino perciba las caras en su totalidad, no por partes ni jerárquicamente, sino con cada elemento contribuyendo al conjunto. Vea un ejemplo en la Figura 9-15.

Fig. 9-15.

EL MISMO SISTEMA APLICADO AL PERFIL

Dibuje ahora otra forma vacía, esta vez para un perfil. La forma es algo diferente, porque la cabeza humana vista de perfil (ver Figura 9-19) no es igual que vista de frente. Será más fácil dibujar la forma si se miran los espacios negativos que la rodean en la Figura 9-20. Note que los espacios negativos son diferentes en cada esquina.

 
Fig. 9-19. Fig. 9-20. Esquema del perfil de la cabeza. Nótese que la distancia del nivel del ojo a la barbilla (a) es igual que la distancia al tope del cráneo (b).

Si ello le ayuda, dibuje formas simbólicas para la nariz, ojo, boca y barbilla, dibujando antes las líneas de los ojos por la mitad del perfil.

La siguiente medida es muy importante para percibir correctamente la posición de la oreja, que a su vez le ayudará a percibir correctamente la anchura del perfil.

Utilizando el lápiz mida en su propia cara la distancia desde la esquina interior del ojo al extremo de la barbilla (Figura 9-21). Coloque ahora el lápiz horizontalmente, siguiendo la línea de los ojos, con un extremo en la esquina exterior del ojo. Vea que la medida anterior coincide con el borde posterior de la oreja. Es decir, la distancia de los ojos a la barbilla es igual a la distancia desde el extremo del ojo al borde trasero de la oreja. Marque la posición de la oreja en el papel, sobre la línea de los ojos (Figura 9-23). Esta proporción puede parecer un poco complicada, pero si se aprende bien le ahorrará otro problema habitual al dibujar la cabeza humana: la mayoría de los principiantes dibujan la oreja demasiado cerca de los rasgos faciales. Como consecuencia, la cabeza vuelve a quedar recortada, esta vez por detrás. La razón es, sin duda, que el espacio comprendido por la mejilla y la mandíbula no es muy interesante, y los estudiantes se aburren con él, percibiendo erróneamente la anchura del mismo.

 
Fig. 9-21. Fig. 9-22.
Fig. 9-23.

La Figura 9-24 es un ejemplo de este error de apreciación. En la Figura 9-25 el artista austríaco Koskoschka ha utilizado la misma distorsión, probablemente por motivos de diseño. Como puede usted ver, la reducción del cráneo en relación con la cara produce un fuerte efecto expresivo y simbólico, que siempre podrá utilizar si lo desea. Pero por ahora lo que queremos es que sea usted capaz de ver las cosas como son, en su proporción correcta.

 
Fig. 9-24. Dibujo de un estudiante. Fig. 9-25. Oskar Kokoschka (1886-     ), Retrato de Norbert Wein (1920). Cortesía del Worcester Art Museum, de Worcester, Massachusetts.

Hace poco descubrí otra técnica muy útil para enseñar la colocación correcta de la oreja. Como usted ya sabe que la distancia de los ojos a la barbilla es igual que la distancia del extremo del ojo al borde posterior de la oreja, le será fácil visualizar un triángulo rectángulo, con dos lados iguales, que conecte esos tres puntos, como se ve en el dibujo de la Figura 9-26. De este modo podrá situar fácilmente la oreja.

Practique la apreciación de proporciones mirando fotografías o dibujos de perfiles, y visualizando el triángulo, como en la Figura 9-26. Esta técnica le ahorrará muchos problemas y errores.

 
Fig..9-26.  

Aún tenemos que hacer dos mediciones más en el perfil. Primero, sujetando el lápiz horizontalmente bajo la oreja, córralo hacia delante, como en la Figura 9-27. Llegará al espacio entre la nariz y la boca. Este es el nivel inferior de la oreja. Márquelo en el papel.

Fig. 9-27.

Coloque el lápiz igual que antes, y esta vez córralo hacia atrás. Llegará al punto en el que se juntan la cabeza y el cuello. Marque este punto. Seguramente, está más alto de lo que usted creía. En el dibujo simbólico, el cuello suele colocarse debajo del círculo de la cabeza, con la nuca al nivel de la barbilla. Esto es causa de muchos problemas: el cuello quedará más delgado, como en la Figura 9-28. Asegúrese de que percibe en su modelo el lugar exacto donde empieza el cuello, al nivel de la nuca.

Fig. 9-28.

Ahora tendrá usted que practicar estas percepciones. Fíjese en la gente. Practique la observación de caras, viendo las formas únicas de cada rostro individual.

Ya está usted listo para dibujar un retrato de perfil. Para ello utilizará todas las facultades que ha ido adquiriendo hasta ahora:

Dibujar sólo lo que ve, sin tratar de identificar o adjudicar palabras a las formas (aprendió la utilidad de esto en el dibujo , invertido).

Dibujar lo que ve sin recurrir a los viejos símbolos aprendidos de memoria en los dibujos de la infancia.

Centrarse en los espacios negativos y en las zonas complicadas, hasta que sienta el paso a un estado alternativo de conciencia, en el que el hemisferio derecho dirige y el izquierdo se mantiene al margen. Recuerde que este proceso exige un período de tiempo sin interrupciones.

Apreciar ángulos en relación con la horizontal y la vertical definidas por los bordes del papel.

Apreciar relaciones de tamaño (¿qué longitud tiene esta forma en comparación con esta otra?).

Y finalmente:

Percibir las proporciones tal como realmente son, sin alterar­las ni revisarlas para acomodarlas a conceptos previos sobre la importancia de cada parte. Todas las partes son importantes, y a cada una hay que darle la proporción debida.

Si en este punto considera usted que tiene que repasar alguna de las técnicas, refresque su memoria en los capítulos anteriores y repita algunos de los ejercicios. Esto le ayudará a reforzar sus nuevas habilidades. El dibujo de contorno puro es particularmente útil para perfeccionar el método de acceso al modo-D y tranquilizar al hemisferio izquierdo.

<—— anterior siguiente ——>